El techo del gas natural
Ante los incrementos del precio del petróleo se está fortaleciendo la tendencia a sustituirlo
por gas natural en la producción eléctrica y en la automoción (todas las grandes compañías fabrican
modelos para gas natural y en la UE se está empezando a usar en taxis y autobuses). Vamos a ver
que esta solución (provisional en cualquier caso) se enfrenta con muchos problemas. Los precios
del gas natural siguen la estela de los del petróleo. Sus reservas están más concentradas que las de
petróleo. A Rusia se le atribuye un tercio de las reservas y junto con Irán llegaría al 50%. El Golfo
Pérsico y las antiguas repúblicas soviéticas contienen el 68% de las reservas, cifra que se elevaría al
70% en 2030. El resto se encuentra, sobre todo, en Argelia, Yemen y Angola. Las reservas de gas
natural son más limitadas de lo que se suele pensar. En 1971 se alcanzó el techo de nuevos
descubrimientos y desde principios de la década de los 90 el consumo supera a los nuevos
descubrimientos, salvo al final de ésta década. Según Laherrere (2004) se han descubierto unos
8.800 billones de metros cúbicos, de los cuales han sido consumidos 2.700 billones y se estima que
quedan por descubrir unos 1.200 billones, además de unos 2.000 billones de gas no convencional
(principalmente metano de los yacimientos de carbón). Así que quedan unos 9.300 billones. El
consumo mundial alcanzó en 2004 unos 100 billones de metros cúbicos y creció un 2,5%. Se estima
en 170 billones el techo de extracción, el cual se alcanzaría en unos 15-20 años, teniendo en cuanta
que el techo del petróleo acelerará aún más el incremento del consumo del gas natural. Después se
mantendrá este ritmo de extracción durante unos 25 años (Campbell, 2005: 44). La AIE prevé un
crecimiento anual medio del consumo de 2,2% hasta 2025 y mayor para la economías asiáticas
emergentes (6,9% para China y 4,8% para India). También, crecen de forma espectacular las
importaciones de la OCDE Europa (7,7% al año) y EE.UU. (7,5%), debido al fuerte incremento del
consumo y la rápida disminución del autoabastecimiento, sobre todo de la UE y de EE.UU. (AIE,
2004).
Gráfico 8: Descubrimientos anuales de gas natural en el mundo y producción
Jean Laherrere, 2004
Sin embargo, en el momento actual se están produciendo problemas de abastecimiento,
debido a techos regionales y a un déficit de infraestructuras de abastecimiento. Debido a la gran
fluidez del gas natural, la curva de extracción de un yacimiento es como una montaña con
pendientes muy escarpadas, con una larga meseta en la parte superior (tal como se muestra en el
gráfico 9), cuya longitud está determinada por la limitación de transporte que impone el diámetro de
los gasoductos. Los gobiernos nunca prevén los techos, así que se encuentran de pronto con ritmos
constantes de extracción y sin poder atender el incremento de la demanda. Tampoco prevén el fin
de la meseta y, por tanto, una disminución de las extracciones mucho más aguda que la del petróleo.
Con el agravante de que construir las infraestructuras necesarias para importar es costoso y lleva
mucho tiempo (5-7 años para una planta regasificadora). Si se puede importar por tierra, hay que
construir normalmente largos gaseoductos. Si no, se utiliza el barco. Para ello hay que licuarlo (en
este proceso se pierde 12% de la energía), transportarlo y regasificarlo en los puertos de destino.
Además, la construcción de plantas regasificadoras se tiene que enfrentar a la oposición de la
población, debido a su gran peligrosidad. En las últimas décadas han proliferado las explosiones de
éstas plantas (Darley, 2004: 61 y ss.). Los problemas citados se manifiestan en América del Norte,
en el Cono Sur de América, en GB e Irlanda y ha aparecido en Italia, Rumanía y otros países de la
zona, debido a la reducción de las exportaciones de gas ruso, ocasionadas por un fuerte aumento de
la demanda rusa provocada por el crudo invierno de 2005.
Gráfica 9: Curva de extracciones de los Países Bajos
Fuente: ASPO Newsletter, septiembre de 2005
EE.UU, cuya demanda es cerca de un tercio de la mundial, está sufriendo esta situación.
Hasta finales de la década de los 60 tuvo las mayores reservas del mundo. Su capacidad de
extracción está cayendo al ritmo del 1% y se espera que lo haga más rápido en el futuro, a pesar del
frenético ritmo de nuevas perforaciones. Ha satisfecho la demanda en especial con importaciones de
Canadá, llegando a alcanzar un 15% del consumo de EE.UU. Pero en 2003 su bombeo se estabilizó
y se espera que permanezca a este nivel durante una década. Como la demanda interna crece, se
espera que sus exportaciones a EE.UU. sigan disminuyendo al ritmo anual de un 1% (Dietert, 2005:
7 y ss.). Méjico se convirtió en importador en 2000 y, debido a su fuerte incremento del consumo, el
aporte exterior no para de crecer. Todo ello ha llevado a Exxon a declarar que Norteamérica ha
alcanzado el techo, porque “la geología es en, última instancia, el factor limitante”, tal como afirma
un estudio para el DoE (Hisrch y otros, 2005: 36; Lajous, 2005). Los precios se han elevado mucho
en toda la región. En EE.UU. ha pasado de 3.37$ por millón de BTU (unidad inglesa equivalente a
la energía de 2.760 metros cúbicos de gas) en 2002 a 14$ en el otoño de 2005 (a primeros de
noviembre sólo se había recuperado el 47% de la capacidad del Golfo De Méjico), con un repunte
hasta los 17$ (equivalentes en términos energéticos a 100$ por barril de petróleo). Las estimaciones
para 2006 oscilan entre 12 y 20$. Para poder satisfacer la demanda, EE.UU. necesita, según
estimaciones, construir 40 plantas regasificadores y en este momento sólo cuenta con 5. Canadá,
EE.UU. y Méjico han aprobado la construcción de sólo 15. Pero es muy probable que algunas de
ellas no se construyan, porque existe una fuerte oposición ciudadana. Este factor encarece aún más
los de por sí elevados costes. Estos costes y la incertidumbre futura del sector gasístico hacen muy
poco probable que se construyan las 40 plantas citadas. A medida de que EE.UU. va construyendo
infraestructuras aumenta sus compras en el Golfo Pérsico, provocando una fuerte y creciente
competencia con los países asiáticos (Japón, Corea del Sur y Taiwán son los mayores importadores
de gas licuado; Japón importa la mitad del mismo), que se abastecen sobre todo de esta región. El
resultado es una tendencia a un rápido crecimiento de los precios del gas licuado en Asia, donde se
espera que aumenten un 75% para 2010 (Vernon, 2005).
Canadá viene sufriendo la misma escalada que EE.UU. en el precio del gas natural y ha
vendido la mayor parte de sus reservas a precios muy bajos, como consecuencia de la voraz
demanda estadounidense y de la liberalización del mercado de gas natural. Hasta hace 20 años
estuvo en vigor una ley que obligaba a las compañías a mantener unas reservas equivalentes a la
demanda de Canadá durante 25 años. El resto lo podían exportar. La eliminación de esta ley disparó
las exportaciones a EE.UU. (actualmente exceden en un 40% el consumo doméstico), el precio cayó
en picado y ha llevado a más que doblar las extracciones, lo cual ha producido la reducción en un
tercio las reservas existentes en 1984, cuando la curva de nuevos descubrimientos alcanzó su techo.
El ritmo actual de extracciones sólo se podrá mantener 9 años y Canadá se enfrenta a la opción de
limitar mucho más sus exportaciones a EE.UU. para hacer frente al incremento de la demanda por
parte de los explotadores de arenas bituminosas (Reguly, 2005).
El techo del gas natural en Argentina le lleva a reducir sus exportaciones a Chile y Uruguay,
lo cual compromete la producción eléctrica de estos países. En Gran Bretaña (donde el gas natural
supone el 40,6% del consumo energético primario) la extracción de gas natural cae al ritmo anual
del 12%, por lo que ha pasado rápidamente de exportar a importar, pero carece de las
infraestructuras necesarias para importar. Los precios del gas natural y de la electricidad se han
duplicado en los últimos 18 meses y existe el temor de que los cortes se multipliquen en el futuro
próximo. Irlanda depende del gas británico, del cual obtiene el 40% de la electricidad (Vernon,
2005).
Por último, el crecimiento de la demanda mundial está provocando una escala del precio del
gas natural (y en especial del licuado), debido a la escasez de medios de transporte (gasoductos y
buques gaseros). Los países asiáticos citados tienen dificultades para asegurarse el suministro de gas
licuado por la escasez de buques gaseros, a pesar de que pagan un sobre precio en relación con el
precio del mercado occidental (Vernon, 2005).