Los escenarios de transición
Los techos del petróleo y del gas natural supondrán el colapso de la civilización actual. Nunca se ha dado un fenómeno semejante, por lo que es muy difícil prever el momento y la profundidad del colapso, así como el proceso de recuperación y las características de la nueva civilización. Sin embargo, podemos asegurar que el proceso será largo. Un estudio para el DoE llega a la conclusión de que sólo la sustitución de las gasolinas por otros combustibles necesitará al menos 20 años (Hirsh y otros, 2005: 64). El futuro va a estar profundamente condicionado por las actitudes de los principales Estados. Esquematizaré las actitudes en dos escenarios básicos: el de confrontación por el control de los últimos recursos fósiles y el de cooperación para realizar la transición de la forma más suave y solidaria posible. La situación actual se caracteriza por una creciente confrontación por el acceso al petróleo y al gas natural. Es indudable que esta estrategia está siendo impuesta, sobre todo, por EE.UU. Frente a ella se va consolidando un frente de países damnificados, cuyo eje lo forman China, Rusia e Irán, al que se van integrando otros países como India, Brasil y Venezuela. Están tejiendo una densa red de acuerdos muy diversos: contratos de compra-venta de petróleo y gas natural (que se suelen plasmar en la construcción de oleoductos y gasoductos); inversiones de países importadores en los exportadores; fortalecimiento de intercambios comerciales; compra-venta de armas; y maniobras militares conjuntas. En este contexto, se está revitalizado la Organización de Cooperación de Shanghai (SCO, promovida por China en 2001 para luchar contra el terrorismo y firmado por China, Rusia, Uzbekistán, Kirguizistán y Tayikistán y Kazajstán), para convertirla, también, en una plataforma de cooperación económica y de defensa frente a las maniobras estadounidenses. En la Conferencia de julio de 2005, celebrada en Kazajstán (y la que asistieron como observadores Pakistán, India e Irán), acordaron una declaración que pide el abandono de las bases estadounidenses en Asia Central: “como la fase de actividad militar en la operación antiterrorista en Afganistán está cerca de finalizar, a SCO le gustaría que los miembros de la coalición decidieran la fecha límite para el uso temporal de las infraestructuras y de la presencia los contingentes militares en estos países” y la no ingerencia en la región. Después de la Conferencia Uzbekistán ha forzado la retirada estadounidense para enero de 2006. Esta bipolarización creciente lleva a que cada vez más analistas hablen de una “nueva guerra fría” (Engdhal, 2005a; Auerback, 2005a). Por encima de de los intereses estratégicos de cada país, el fuerte crecimiento de las principales economías de Asia está generando un pulso gigantesco con las potencias occidentales por el petróleo y el gas natural del Golfo Pérsico, de Rusia y del mar Caspio. O`Reily, presidente de Chevron-Texaco, describe con precisión esta dinámica: “estamos viendo los comienzos de una disputa por los suministros del Golfo Pérsico entre el Este y el Oeste (…) y el desplazamiento del centro de gravedad hacia Asia y, en particular, hacia China e India” (www.boston.com/news). Esta dinámica de nueva guerra fría se incrementará, al menos, en los próximos años, produciéndose “dislocaciones constantes, conflictos múltiples e históricamente bajos niveles de cooperación mundial” (The Arlington Institute, 2003: 35). Un informe del Deutsche Bank considera que “con toda probabilidad se desencadenará una batalla por las reservas decrecientes” (Auer, 2004: 9). A pesar de ello, la cooperación terminará por imponerse, porque es la única opción razonable al caos, a las explosiones de precios y al alargamiento de la transición. El escenario de cooperación supone llegar a acuerdos mundiales para, por un lado, organizar el proceso de desconexión ordenada y justa de los combustibles fósiles y, por otro, acelerar la transición a un modelo energético basado en la eficiencia y en las energías renovables. Otro informe del banco citado afirma que “los políticos visionarios, los empresarios y los economistas deberían prepararse para esto (el techo del petróleo) cuanto antes, para realizar la necesaria transición tan suavemente como sea posible” (ASPO Newsletter, enero 2005). La citada “Carta abierta” de diversas instituciones estadounidenses propone que el plan que la acompaña sea puesto en marcha conjuntamente “con nuestros aliados demócratas” (NDCF y otros, 2004). El Protocolo de Agotamiento (promovido por ASPO) propone que los países reduzcan su consumo al ritmo de la Tasa de Agotamiento mundial. Esta tasa se calcula dividiendo el consumo anual por las reservas existentes, entendiendo como tales las probadas y las probables. Se suele estimar esta tasa en 2,5-3%. Los países exportadores disminuirían sus ventas al ritmo de su propia tasa de agotamiento y los países importadores sus compras al ritmo de la Tasa. Si esta política se generalizara a escala mundial, el precio del petróleo iría elevándose lentamente en un contexto de escasa volatilidad (Heinberg, 2005). Este Protocolo supone un trato injusto para los países menos desarrollados, porque se ven privados de unos combustibles que han permitido el desarrollo de los países industrializados. En este momento los consumos de petróleo en barriles/persona y año son: EE.UU. y Canadá, 25; la UE, Japón, Corea del Sur, Taiwan y Singapur oscilan entre 10 y 12; China, India, Pakistán y Brasil varían entre 1,25 y 2,5 (McKillop, 2004). Pero ante la irreversibilidad del techo, lo que les debe preocupar es realizar la transición más rápida posible. Si consiguieran un trato de discriminación positiva en el reparto del petróleo que queda, profundizarían su dependencia de un modelo energético que tiende a desaparecer. Lo cual no es contradictorio con que durante un tiempo limitado exijan que los países más pobres reciban subvenciones para comprar combustibles fósiles. Lo que deben reclamar es la transferencia de tecnologías de uso energético más eficientes y de captación de energías renovables. A los países exportadores el Protocolo les permitiría evitar interferencias exteriores y obtener unas rentas más o menos constantes durante un periodo más largo que con la política actual. Indudablemente la puesta en práctica del Protocolo se enfrenta a múltiples obstáculos. Los países petroleros no dan datos fiables sobre sus reservas, por lo que habría que avanzar mucho en este campo. Habría que crear una organización que gestionara el sistema, recabando los datos sobre reservas, calculara las tasas, controlara importaciones y exportaciones, sancionara a países infractores, dirimiera las disputas, etc. Aparentemente los países que no acepten el Protocolo se verán primados. En un principio esto será cierto, pero mantener su dependencia de los combustibles fósiles agudizará sus problemas a medida que se vayan agotando. Los países que apliquen el Protocolo se van a ver obligados a realizar una transición rápida en un marco de la estabilidad más alta posible y muy pronto empezarán a beneficiarse de los frutos de la transición, empezando por el aumento de la eficiencia. La creación de Petrocaribe en junio de 2005, una organización de cooperación entre Venezuela (promotora de la iniciativa) y los países caribeños en materia energética, constituye un paso importante en la consolidación de la estrategia de cooperación: “Petrocaribe nace como una organización capaz de asegurar la coordinación y articulación de las políticas de energía, incluyendo petróleo y sus derivados, gas, electricidad, uso eficiente de la misma, cooperación tecnológica, capacitación, desarrollo de la infraestructura energética, así como el aprovechamiento de fuentes alternas, tales como la energía eólica, solar y otras”. El acuerdo contempla, pagos diferidos del petróleo cuando su precio supere los 40$ a un 1% de interés y pagos parciales con mercancías y servicios a precios preferenciales. Petrocaribe tiene, también, capacidad de gestionar créditos (Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela, 2005). Su éxito vendrá determinado por el impulso que se de a la eficiencia y a las energías renovables, vía liderada por Cuba y Venezuela.










