Los actores principales EE.UU
Las abundantes reservas de petróleo de EE.UU fueron un elemento decisivo en su status hegemónico a partir de mediados del siglo XX. Ahora consume más de la cuarta parte del petróleo mundial (más de 21 Mb/d, importando un 60%), a pesar de que sólo cuenta con el 5% de la población mundial. Se estima que (de seguir la tendencia actual) para 2025 importará el 70%. Desde que en 1971 alcanzó su techo del petróleo ha venido diseñando una política destinada a garantizar el suministro por todos los medios. En 1980 el presidente Carter dejó clara esta política ante la amenaza de desestabilización del Golfo Pérsico por la revolución jomeinista: “cualquier intento por parte de una fuerza exterior de lograr el control del Golfo Pérsico será considerada como un asalto a los intereses vitales de Estados Unidos de América, y tal asalto será repelido por todos los medios necesarios, incluyendo la fuerza militar”. Su política de seguridad energética supone obtener un acceso ilimitado al petróleo y gas natural mundial, porque pretende perpetuar el modelo energético actual. Para ello necesita controlar el petróleo y el gas natural de Euroasia y esto pasa por el control de Irán y el cerco de Rusia y China, para poder controlar sus vías de importación y exportación. Del éxito de esta política depende (en opinión de muchos analistas) el mantenimiento de su hegemonía mundial, porque, además de garantizarse el suministro de combustibles, mantendrá el actual status del dólar como divisa mundial, que se basa en gran medida en que el petróleo y el gas natural se sigan vendiendo en esta moneda, ya que constituyen el principal mercado mundial. En consecuencia, está desplegando sus ejércitos por los países petroleros y por los que son claves para el control de las rutas del petróleo. Sus navíos controlan las rutas marítimas (su marina patrulla el Golfo Pérsico, el mar Arábigo, el mar de China y las costas de Nigeria), por lo que controlará el petróleo y el gas natural del mundo cuando haga lo mismo con las rutas terrestres y con los países exportadores. Ello pasa, sobre todo, por alcanzar el dominio sobre el Golfo Pérsico (alrededor de 2/3 de las reservas mundiales de petróleo y cerca de la mitad del gas natural) y del Mar Caspio (zona que tiene un importante potencial de incrementar las exportaciones de petróleo), así como de las rutas de transporte terrestre de los combustibles de estas zonas. Se ha asegurado ya el control del Golfo Pérsico (con la excepción de Irán). Por ello y porque pretende crear un mercado del petróleo en euros, Irán está bajo la amenaza permanente de invasión. Con las invasiones de Afganistán e Irak ha quedado rodeada de bases estadounidenses. Pero el deterioro de su posición en la guerra de Irak es la mayor póliza de seguridad de Irán. EE.UU. sigue trabajando en su desestabilización y maniobra para que no pueda exportar sus combustibles, pero sin éxito. Pakistán resiste las presiones para que se retire del proyecto de gasoducto de Irán-India. Además, Irán tiene contratos con Rusia, Turkmenistán y conversaciones con Kazajstán para intercambiar petróleo de estos países, que utiliza en el norte, por petróleo propio del sur, obteniendo así estos países una salida barata para su petróleo. Incluso ha llegado a un acuerdo con Irak para construir un pequeño oleoducto entre Basora y la refinería de Abadán, ya que este país apenas tiene capacidad de refino (Ruppert, 2004: 534, 538; Engdhal, 2005b). EE.UU. busca atraer a su órbita a los principales países exportadores del petróleo del mar Caspio (Azerbaiyán, que ya lo está, y, sobre todo, Kazajstán, que tiene los recursos más importantes de la zona) y por el dominio de las rutas de exportación de estos combustibles y de los de Rusia, país que no puede controlar. El control de las otras ex repúblicas soviéticas y de las que pertenecieron al bloque soviético le permitiría obstaculizar las exportaciones de Rusia hacia el sur de Asia y controlar sus rutas de combustibles hacia Occidente. Hasta ahora ha conseguido logros importantes. Aparte de Azerbaiyán tiene en su órbita a Polonia, Rumania y Bulgaria (tiene bases en estos dos últimos países, que son excelentes plataformas para controlar la región del mar Caspio). En los últimos años ha conseguido grandes éxitos. El control de Ucrania le ha permitido anular un proyecto de oleoducto para sacar petróleo ruso por el puerto ucranio de Odesa hacia el Mediterráneo y sustituirlo por otro que permitirá exportar petróleo del mar Caspio por la costa polaca. En 2005 ha conseguido la terminación del oleoducto que permite sacar el petróleo de Azerbaiyán por el puerto turco de Ceyhan, pasando por Georgia (país totalmente controlado por EE.UU.). Pero en 2005 ha sufrido numerosos reveses en esta zona (que explicaré más adelante), a los que se une la elección de gobiernos progresistas en países latinoamericanos con importantes dotaciones de hidrocarburos. Por último, crece su presencia en África subsahariana, porque prevé importar de esta región el 25% del petróleo exterior en 2015 (Engdhal, 2005b; Stanway, 2005). Esta estrategia no puede evitar que el petróleo sea cada vez más caro. Además, al profundizar en su dependencia del petróleo, el impacto se acrecienta. Esta realidad alimenta una emergente oposición interior. Proliferan informes y llamamientos a alcanzar la independencia energética. Coinciden en los argumentos siguientes: con la política actual nunca se conseguirá la seguridad de abastecimiento, la empeora; el petróleo resulta muy caro al país por el gasto militar que implica; se puede conseguir de forma rentable prescindir de las importaciones de petróleo, desviando el gasto militar a la inversión en autoabastecimiento. La invasión de Irak ha supuesto un fracaso. Se pretendía privatizar el petróleo en beneficio de las petroleras estadounidenses, lo cual no ha sido posible, ante la oposición encontrada (aunque ahora están intentando una privatización encubierta). La invasión iba a permitir alcanzar unas extracciones de 3,5 Mbd pero (aunque los expertos estiman una capacidad de 3 Mb/d), con las que se pagarían los gastos militares y la reconstrucción del país. Bombeaba unos 2,5 Mb/d antes de la invasión y a principios de 2006 están muy por debajo de 2 Mb/d y siguen cayendo. Se produce una media de cerca de un ataque diario importante a las instalaciones petrolíferas. La Energy Information Administration admite que “la mayor parte de los analistas creen que no habrá importantes adiciones a la capacidad de producción iraquí por lo menos 2-3 años” (Amie, 2006; McKillop, 2005a; Klare, 2005b). Diversos estudios oficiales sitúan el precio real (contando los gastos militares) del galón de gasolina (3,75 litros) entre 5 y 15 dólares, cuando el precio de mercado se situaba en poco más de un dólar (ASPO Newsletter, 2004, diciembre, www.iags.org). Una muestra importante de oposición es la “Carta abierta al pueblo de EE.UU.”, que incorpora una propuesta de rápida reducción de la dependencia del petróleo, presentada en 2004 y que cuenta con el respaldo de más de 12 organizaciones. La Carta dice: “nos enfrentamos a lo que puede ser llamada una tormenta perfecta de dimensiones estratégicas, económica y ambiental, que (…) demanda que efectuemos en los próximos cuatro años una dramática reducción en las cantidades de petróleo importado de regiones inestables y hostiles”. Proponen un plan de choque (Set America Free) que consiste en la aplicación masiva de las tecnologías disponibles en este momento (vehículos híbridos y combustibles alternativos, como bioetanol, metanol, etc.). Rusia Desempeña un papel clave en el futuro energético ligado a los combustibles fósiles por sus importantes reservas de petróleo y de gas natural. Los gobiernos de la era Yeltsin expoliaron el enorme patrimonio de recursos naturales del Estado ruso, cuyo activo más importante eran los combustibles fósiles, reprimiendo violentamente toda oposición, y todo ello con el beneplácito de Occidente. Por el contrario, el actual Gobierno ruso está retomando el control de los mismos. Además, trata de evitar la maniobra de cerco de EE.UU. intensificando los acuerdos de cooperación con las ex repúblicas soviéticas para mantenerlas en (o recuperarlas a) su órbita (los últimos intentos de desestabilización de repúblicas de Asia Central por parte de EE.UU. ha tenido el resultado de reforzar su colaboración con Rusia) y está tejiendo una alianza con otros países amenazados por el expansionismo estadounidense. También está presionando a las repúblicas desafectas (Ucrania, Georgia, Moldavia, etc.) para que cambien su postura por todos los medios posibles. Por ejemplo, cobrándoles el gas natural a precios de mercado. Por último, busca la máxima cooperación con la UE, que cada vez es más dependiente de su energía. Últimamente, ha firmando acuerdos de suministro de combustibles fósiles con China, India, Irán, UE, Japón, Corea del Sur, etc. Algunos de ellos, son el fruto del creciente interés de China, Japón, Corea del Sur e India por asegurarse el suministro de combustibles fósiles de Rusia y Asia Central, y para ello están realizando fuertes inversiones en el desarrollo de la capacidad energética de las mismas. Para 2008 se prevé que entre en servicio un oleoducto para abastecer a Asia y principalmente a China (Engdhal, 2005b). China En China el carbón suministra alrededor del 65% de la energía. Pero las necesidades de petróleo y gas natural crecen rápidamente. Hasta 1993 fue autosuficiente en petróleo, pero en 2003 se convirtió en el segundo país importador, aumentando sus compras un 11%. En 2004 aumentaron un 18%, hasta alcanzar 3,2 Mb/d. Se prevé que a final de 2005 importará el 42,5% del petróleo. Su máxima prioridad es el acceso al petróleo y el gas natural del mundo, pero sabe que llega tarde al reparto y que en éste la política predomina sobre le mercado, como se ha visto en el fallido intento de la compañía china CNOOC de comprar la compañía estadounidense Unocal. Esta ha aceptado la oferta de Chevron Texaco a pesar de ser claramente inferior a la china, debido a la tremenda presión política. Le preocupa su fuerte dependencia del Golfo Pérsico (50-60% de sus importaciones) y de África (30%), así como del transporte marítimo que controla la Armada estadounidense. Por ello, promueve fuertemente la eficiencia (utiliza cinco veces más energía por unidad de valor creado que Alemania y Japón), todo tipo de energías renovables, la energía nuclear, la búsqueda de nuevos yacimientos de petróleo y gas natural en su territorio, y la diversificación de sus importaciones de petróleo y gas natural. Está desarrollando un plan de cooperación con múltiples países petroleros para garantizar su abastecimiento. Ha llegado a acuerdos con Rusia, Kazajstán (que es el país más importante de la zona del mar Caspio; se estima que puede alcanzar 1,2 Mb/d en 2016; a finales de 2005 ha entrado en servicio un oleoducto de 200.000 b/d entre este país y China), Irán (con el que acaba de firmar un enorme contrato de venta de petróleo y gas natural), Sudán, Angola, Venezuela, Brasil, etc. Por último, constituye una prioridad estratégica de China reforzar la cooperación con Rusia, tanto por sus combustibles fósiles como porque sabe que ambos países necesitan colaborar para contrarrestar la estrategia de EE.UU. (Engdahl, 2005b; Auerback, 2005b; Singh, 2005; Stanway, 2005; Dahl, 2005). UE En la UE25 el consumo de petróleo crece de forma notable (0,7 Mb/d en 2004) debido, sobre todo, a la demanda de los nuevos Estados miembros. Depende principalmente del Golfo Pérsico (45% de sus importaciones de petróleo) y de Rusia (40% de sus importaciones de gas natural). La UE estima que su dependencia de combustibles fósiles aumentará del 50% actual al 70% en 20 años, pero el rápido ritmo de agotamiento del petróleo del Mar del Norte augura una dependencia futura mucho mayor. A principios de 2006 Europa bombea 4,5 Mb/d y consume 10,6 Mb/d. Además, una cantidad creciente de este petróleo se exporta a EE.UU. Es interés de la UE pedir a los países exportadores europeos (especialmente a Noruega, que extrae 2,7 Mb/d) que destinen todo el petróleo y el gas al consumo europeo. Pero esto choca con su ideología librecambista. A su favor cuenta que a 5.000 Km. del centro de Europa se localiza una zona en forma de elipse (que va desde Siberia Occidental al Golfo Pérsico) que contiene el 70/80% de las reservas mundiales de petróleo y gas natural (ver gráfico 11). Por ello, es necesario que busque alianzas estratégicas para garantizar los suministros de combustibles fósiles: “La UE debe lograr una alianza estratégica con los potencialmente mayores suministradores, tales como Rusia e incluso con países alejados tales como Irán” (Comisión Europea, 2005: 3). Da prioridad a las relaciones con los países más próximos: Noruega, Rusia, los del mar Caspio y del Norte de África. Pero a la hora de plasmar esta política se enfrentan la postura atlantista (es decir, seguir la estela de EE.UU.) y la que defiende tener una política exterior independiente, sobre todo, para garantizar la seguridad de abastecimiento energético. Se fortalece la segunda postura a medida de que se agrava su dependencia energética, se manifiestan los efectos de la proximidad del techo del petróleo y se hace crecientemente manifiesto que la estrategia de EE.UU. le enfrenta con el resto del mundo. Este fortalecimiento se concreta en el diálogo con Rusia, que empezó en 2000 y desde 2004 se están negociando proyectos, que empiezan a concretarse. Se ha llegado a un acuerdo para construir un gasoducto por mar hasta Alemania, evitando Ucrania y Polonia, países enfrentados con Rusia. Por otro lado, la UE, Polonia y Ucrania han firmado un acuerdo para construir un oleoducto que llevará petróleo del mar Caspio a través de Ucrania por el puerto polaco de Plotz. También se están concretando proyectos de suministro con países del Norte de África (Comisión Europea, 2005: 14 y ss.). Por último, la UE es la única instancia política capaz de liderar una estrategia de cooperación internacional. Gráfico 11 Elipse estratégica que contiene el 70/80% de las reservas mundiales de petróleo y gas natural convencionales Fuente: New Solutions, november 2005










