La única vía: una economía solar

La única vía: una economía solar
Estamos ante el principio del fin de esta civilización por la quiebra de su modelo energético.
A medida que éste hecho se va poniendo más de manifiesto, los centros de poder político y económico empiezan a presionar para mantener, en esencia, el modelo energético actual mediante el rescate de la energía nuclear y el carbón, que sufren una progresiva marginación. La solución es irreal, por tener límites insolubles. Además, esta maniobra es un intento de obviar el hecho de que la crisis energética que se está desarrollando, obliga a transformaciones radicales en todos los campos.
En el sector energético las transformaciones pasan por una alta eficiencia, por la captación de la energía solar y por el desarrollo del binomio hidrógeno renovable/células de combustibles. El sol, el viento, la biomasa y otros recursos renovables están distribuidos por todo el planeta. Existen numerosos estudios que muestran la existencia de una capacidad potencial de captar una cantidad de energía solar varias veces superior a nuestras necesidades. El PNUD estima que el potencial aprovechable es muy superior al consumo: “los recursos renovables están distribuidos más uniformemente que los recursos fósiles y nucleares, y los flujos de energía de los recursos renovables superan al uso actual de energía mundial en más de tres veces” (PNUD y otros, 2001:
13). Un informe financiado por la UE estima que el potencial técnico de la conversión de la
radiación solar en calor y electricidad es alrededor de cuatro veces el consumo mundial de energía (PV-TRAC, 2004: 7). Un exhaustivo estudio realizado por la Universidad de Comillas para
Greenpeace llega a la conclusión de que el potencial de energía renovable es mayor de 20 veces el consumo energético que se estima tendrá la España peninsular en 2050 (Xavier García Casals y otros, 2005). Pero, aparte de electricidad y calor directo, es necesario contar con un combustible alternativo al petróleo. El candidato más probable es el hidrógeno, cuyo uso alcanza la máxima eficiencia si se utiliza en células de combustible. Una célula de combustible es un dispositivo electroquímico que combina hidrógeno y oxígeno para producir electricidad y agua: “representan la tecnología más prometedora de usar el hidrógeno para producir electricidad” (Comisión Europea, 2003) y supone un sistema energético “todo eléctrico”. Pero, como el hidrógeno es un combustible secundario, debe ser producido a partir de energías renovables en un sistema energético sostenible.