Impactos sectoriales

Impactos sectoriales

Entre los sectores que van a verse especialmente impactados (además del sector energético) destacan por su importancia el de transporte y el agrícola. Además, los edificios tienen una especial importancia por su elevada cuota de consumo energético y especial capacidad de ahorro. A escala mundial el 90% de la energía consumida por el transporte procede del petróleo (97% en EE.UU.). Este sector consume el 57% del petróleo (70% en al UE) y el de carretera el 95% de la cantidad anterior (98% en la UE). Este modo de transporte es hegemónico y tiende a reforzarse. En la UE en el periodo 1970-2000 el número de pasajeros y toneladas de mercancías transportadas se han incrementado a un ritmo anual cercano al 3%, las mercancías transportadas por la carretera han pasado de una cuota del 31% al 44% (41% la navegación de cabotaje, gracias a los combustibles fósiles) y las del ferrocarril del 21% al 8%. La carretera transporta el 79% de los viajeros, el ferrocarril el 6% y el avión el 5% (Comisión Europea, 2005: 7, 25). El coche domina ampliamente el transporte de viajeros por carretera. Por otro lado, las ventas de vehículos de carretera siguen creciendo a un fuerte ritmo a escala mundial. En los países emergentes el sector del automóvil crece anualmente en torno al 20%. Estas tendencias cambiarán con la escalada de los precios del petróleo. Disminuirá fuertemente la movilidad. La gente buscará proximidad a la hora de comprar la vivienda. Primará vivir en ciudades densas y de tamaño medio, que le garanticen cortos desplazamientos (y en transporte publico) para ir a trabajar, para comprar, para acceder a servicios, etc. Los transportes de carretera y aéreo se verán fuertemente impactados por ser totalmente dependientes del petróleo y por ser los menos eficientes. Se producirá una fuerte presión para transportar mercancías por barco y tren, pero estos modos tendrán una capacidad limitada de absorber la demanda a corto y medio plazo, después de medio siglo de abandono en la mayor parte de los países. Toda la cadena de los alimentos de la agricultura industrial (producción, transporte, transformación industrial, distribución, refrigeración, desplazamientos para comprar y cocinado) es altamente dependiente de los combustibles fósiles y, en especial, del petróleo. En EE.UU. el 17% del consumo energético se invierte en la producción y distribución de alimentos. La producción de alimentos supone un quinto del consumo energético (21%), siendo el resto de los principales capítulos de consumo: 14% transporte; 16% procesado; 7% envasado; 7% restaurantes y 32% refrigeración y preparación doméstica. El total de la producción se reparte así: 28% en producción de fertilizantes, 7% en irrigación, 34% en combustibles usados por la maquinaria agrícola y el resto en la producción de pesticidas, secado de cereales y la recolección de las cosechas. El factor que se está intensificando más rápidamente es el transporte, por las crecientes distancias recorridas y por el aumento de los alimentos transportados por camión y avión. El primero es 10 veces más intensivo en energía que el ferrocarril o el barco. En los países desarrollados las distancias medias recorridas por frutas y verduras entre las granjas y las tiendas oscilan entre 2.500 y 4.000 kilómetros (Murray, 2005). En GB la cantidad de alimentos transportados se incrementó en un 16% y las distancias recorridas en un 50% en el periodo 1978-1999. El índice de alimentos-kilómetros aumentó un 15% en los 10 años anteriores a 2002. Los alimentos suponen 25% de las mercancías transportadas en camión. El petróleo se utiliza para mover la maquinaria agrícola, bombear agua y el transporte (que normalmente se realiza en vehículos refrigerados) y en la manipulación industrial, incluyendo la fabricación de envases. El gas natural se utiliza para producir fertilizantes. Se utilizan 10 unidades energéticas para poner en nuestra mesa una unidad energética en forma de comida. Se consume entre 2 y 7 veces menos energía en la agricultura ecológica que en la industrial (Ho, 2005; Lawrence, 2005). Los edificios consumen el 42% de la energía final de la UE en iluminación y, sobre todo, en calefacción (70% del total) (Comisión Europea, 2004b:21). Pero este es el campo en el que se puede lograr los mayores niveles de ahorro energético de forma rentable, por lo que adquiere una importancia estratégica para lograr una rápida disminución del uso de los combustibles fósiles. Las escaladas de los precios del petróleo y del gas natural (con la particularidad de que en este último caso los precios son extraordinariamente altos en algunas regiones por haber alcanzado el techo de bombeo) están impulsando políticas gubernamentales de eficiencia energética y captación de energía solar. Una muestra muy relevante el la Directiva comunitaria sobre eficiencia de edificios.