Impacto sobre países menos desarrollados
El impacto sobre las economías de estos países será mayor que sobre las economías desarrolladas y será tanto más fuerte cuanto menor sea el grado desarrollo. Son varias las razones: sus economías son muy poco diversificadas; frecuentemente sus exportaciones dependen de una sola materia prima; son muy dependientes de los combustibles del petróleo (con él generan la mayor parte de la electricidad y gran parte de la población lo utiliza para cocinar); las industrias son muy intensivas en energía y son poco eficientes (se estima que su intensidad energética (energía necesaria para producir una unidad de PIB) es doble que la de los países desarrollados); poseen escasa capacidad técnica para hallar tecnologías alternativas; la factura del petróleo producirá déficits insoportables en las balanzas de pagos y en los presupuestos, porque los combustibles suelen estar subvencionados. Los últimos factores afectan sobremanera a los países menos desarrollados (Hisrch y otros, 2005: 30). En realidad, tenemos la experiencia reciente de Cuba y Corea del Norte, países a los que el colapso del imperio soviético les privó el acceso a petróleo barato, aparte de la pérdida de importantes exportaciones. En Corea del Norte el consumo energético cayó un 51% en el periodo 1990-96, el transporte por carretera y barco se redujo en un 40% y la producción de hierro y acero un 36%. El impacto sobre la economía cubana fue también muy fuerte, pero el pleno apoyo del gobierno a la construcción de una economía descentralizada y autosuficiente le ha permitido remontar la crisis. Hoy constituye el ejemplo de cómo los países menos desarrollados pueden aminorar los impactos del techo del petróleo y empezar a construir una economía sostenible (Pfeiffer, 2005). Con el precio del barril en la decena de los 60$ el impacto sobre la economía de los países menos desarrollados empieza a ponerse de manifiesto, especialmente en el caso de los más pobres. Asistimos a la reducción o eliminación de subsidios a los combustibles, debido a que el gasto público crece exponencialmente, generando fuertes déficits presupuestarios y erosión del valor de sus monedas. Además, el mantenimiento de subsidios está dando lugar al contrabando de combustibles hacia otros países que los han eliminado. Esto le ocurre a Malasia. China está elevando el precio de los combustibles y ha prohibido exportar gasolinas ante la escasez que se empezaba a dar en algunas zonas, porque las compañías prefieren exportarlas a países con precios más reales, entre otras razones. Lo mismo ha ocurrido en Camboya. Pero estos gobiernos se enfrentan a la oposición popular por la pérdida de rentas que supone la subida de los precios. Seleccionar a capas concretas de la población, como hace India con los campesinos, impulsa el mercado negro. Como resultado de estos fenómenos, las capas más pobres de la población no pueden comprar combustibles y los sustituyen por leña en el campo y por residuos (especialmente plásticos) en los suburbios de las ciudades. Muchos países carecen de las dividas necesarias para importar el petróleo necesario, llegando a provocar paralizaciones parciales de la actividad productiva y del funcionamiento de las Administraciones (esto ocurre en Zimbabwe). En las regiones donde la electricidad se produce a partir del petróleo, como en Centroamérica, los gobiernos se debaten entre subsidiarla y tener capacidad de importar petróleo. En Nicaragua y Albania se producen cortes de electricidad ante la imposibilidad de importar petróleo necesario para el pleno funcionamiento de las centrales térmicas. Proliferan las políticas tendentes a reducir el consumo de combustibles: reducción a cuatro días el trabajo de los funcionarios (Filipinas); prohibición de vender combustibles durante la noche y de vender a cada usuario de vehículos más de 15 litros por día (Honduras) (Crawford, 2005; Randewich, 2005).










