Impacto sobre la economía española

Impacto sobre la economía española

La economía española es la más dependiente de petróleo de todas las economías europeas (52% del consumo energético frente a alrededor de un 30% de las economías europeas más importantes), excepto Portugal, Grecia, Chipre y Malta. Este hecho es debido al enorme predominio del transporte de carretera y la menor cuota relativa del consumo de gas natural (entorno al 16%). A pesar de que se está produciendo una aceleración de la subida del petróleo (en los 8 primeros meses de 2005 el precio de las gasolinas se incrementó alrededor de un 25%), la economía viene creciendo por encima del 3%, en buena medida impulsada por la burbuja inmobiliaria. Las ventas de coches siguen batiendo récords. También lo hace el sector aéreo. En los 6 primeros meses del año se elevó en un 8,3% el número de viajeros transportados y el consumo de keroseno en el último año aumentó un 11,2%. Lo cual demuestra una vez más que incluso un precio situado en la década de los 60 dólares por barril no reduce el crecimiento económico, al menos, de las economías desarrolladas y emergentes. La vulnerabilidad de la economía española ante la escalada del precio del petróleo y su techo es muy grande. Otros datos refuerzan esta conclusión. Su dependencia de la importación de combustibles fósiles es enorme: carbón (64,5%), petróleo (99,5%) y gas natural (99,1%). Estos datos determinan que la dependencia energética de la economía española sea del 77%, frente al 50% de la UE15, y que las importaciones de petróleo supongan el 2,1% del PIB, frente al 1% de las principales economías europeas. Su consumo crece a un ritmo semejante al de la economía. La gran mayoría del petróleo se dedica al transporte y sólo un 7% a la producción eléctrica. El crecimiento de la economía se está produciendo, sobre todo, por la construcción, tanto de vivienda como de infraestructuras (su aportación a la formación bruta de capital fijo se incrementó en 2004 un 5,8%) y por el consumo (aumentó un 6% en 2004). Pero la compra de viviendas está elevando extraordinariamente el enduedamiento de los consumidores. Por otro lado, hay que tener en cuenta el importante peso del sector del automóvil en la industria y el del turismo. Todo ello explica que el incremento del consumo energético sea semejante al crecimiento de la economía. El modelo de transporte impulsado por los últimos gobiernos lo hace particularmente vulnerable, por su baja eficiencia energética y dependencia del petróleo. Su consumo energético fue en 2003 el 41% del total (32% en la UE15). El resto de los otros consumos importantes son: industria (33%), sector doméstico (15%) y agricultura y servicios (11% cada uno). Esta situación es debida al extraordinario predominio del transporte de carretera, a causa del abandono histórico del ferrocarril (que sólo transporta el 4% de las mercancías), a la apuesta de los últimos gobiernos por un tren de alta velocidad (ineficiente, porque el consumo energético es proporcional al cuadrado de la velocidad, e incompatible con el transporte masivo de mercancías y viajeros) y la precariedad del transporte colectivo en las áreas metropolitanas. La enorme inversión prevista en el Plan Estratégico de Infraestructuras y Transporte (PEIT) (250.000 millones de euros que, en caso de de realizarse sería mucho mayor, por las enormes desviaciones de costes que se producirían) agudizará los problemas estructurales de la economía española: aumentará la ya fuerte dependencia del petróleo, la ineficiencia energética, y reforzará el papel de la construcción como sector tractor de la economía, alejándola aún más de la economía del conocimiento, que constituye el núcleo de la Estrategia económica de la UE. Estos problemas resultan particularmente graves ante el techo del petróleo, por lo que el PEIT tendrá que ser abandonado muy posiblemente antes del final de esta década. El momento del abandono tiene especial importancia, porque el PEIT está detrayendo los fondos necesarios para realizar las transformaciones que requiere el techo. A modo de ejemplo, el gobierno sólo puede invertir 680 millones de euros en el Plan de Energías Renovables. También existen elementos positivos. Los más importantes son el extraordinario potencial de energías renovables y un importante desarrollo de tecnologías de captación. Indudablemente existen otros elementos positivos, pero la temática y la dimensión de este trabajo impiden su análisis. Es muy notable el desarrollo de la energía eólica y de su tecnología. También se posee una muy importante capacidad de producción de placas fotovoltaicas (aunque la venta doméstica sea ridícula) y un importante bagaje tecnológico en este campo y en la generación eléctrica solartérmica. Contrasta esta buena posición relativa con el casi inexistente desarrollo del binomio hidrógeno/células de combustible, que junto a las energías renovables constituyen los fundamentos de un sistema energético sostenible. Siguiendo con el balance positivo, el gobierno central aprobó en 2005 dos planes energéticos: el Plan de Acción de Ahorro y Eficiencia Energética 2005-2007 y el citado Plan de Energías Renovables. El primero pretende congelar el incremento del consumo energético durante la vigencia del mismo. El segundo tiene por objetivo cumplir los compromisos asumidos ante la UE de aporte de las energías renovables al consumo total. Debida a su baja dotación, estos planes no van a dar resultados importantes y servirán, sobre todo, como entrenamiento de las administraciones públicas para realizar, más tarde, las políticas inevitables ante el techo.