El impacto sobre el sistema económico

El impacto sobre el sistema económico

La economía ortodoxa viene mostrando su bancarrota teórica en el caso del petróleo. Se basa en la premisa general de que no existe escasez física de recursos, sino económica. Su lema más repetido es que la Edad de Piedra no se acabó por falta de piedras, a lo que el jeque Yamani, que fue ministro del petróleo de Arabia Saudita durante muchos años, ha respondido que también “la edad del petróleo acabará mucho antes de que el mundo se quede sin petróleo” (Maass, 2005). Lo cual parece una alusión al techo del petróleo. El argumento es el siguiente: el aumento del precio disminuiría la demanda (se supone que esta es elástica en relación con el precio), reduciría el crecimiento de la economía (sobre todo, en el caso de un recurso tan decisivo como el petróleo, lo cual reforzaría la tendencia anterior) e incentivaría la inversión en nuevas prospecciones (lo cual se traduciría en un incremento de la oferta). Otra premisa es que el encarecimiento del petróleo deprime la economía y, por el contrario, el petróleo barato es una condición ineludible para el crecimiento económico. A medida que el precio ha ido creciendo por encima de los 30$/b, se han multiplicado los avisos por parte de las instituciones financieras de que esta situación provocaría un proceso inflacionario y una disminución del crecimiento económico. Esto es lo que han venido haciendo, por ejemplo, el Fondo Monetario Internacional, la Reserva Federal de EE.UU. y el Banco Central Europeo. Se han venido multiplicando los estudios econométricos que demostraban determinadas reducciones del PIB en función de escenarios de encarecimiento. Por ejemplo, el informe Outlook 2003 de la OCDE calcula que un incremento de 10 $/b durante un año reduciría el crecimiento de la economía mundial en 0,60 puntos. Las otras instituciones han hecho estimaciones similares (Hisrch y otros, 2005: 31). La realidad está demostrando que la argumentación es falsa. Los altos precios no han dado lugar a descubrimientos significativos, a pesar de que además del incentivo de los precios los gobiernos han multiplicado las subvenciones. En EE.UU., décadas de fuertes inversiones en la prospección petrolífera (se ha doblado en la última década) no han invertido la tendencia: en el periodo 1970- 1985 la extracción se redujo en un 20% y para 2000 a la mitad. Lo mismo ha ocurrido con el gas natural desde que también alcanzó el techo. Desde 1994 se ha doblado la inversión en petróleo y gas natural. La fuerte escalada de los precios coincide con un alto crecimiento de la economía mundial y sin aumentos significativos de la inflación (oficialmente la inflación de EE.UU. y la de la UE se mantiene en el 2-2,5% y la de Japón es negativa). Aunque la inflación real suele ser mayor que la oficial, porque los gobiernos la adulteran (especialmente en EE.UU.), lo cierto es que no está lastrando el crecimiento. En 2004, año en el que el barril llegó a superar los 50$, la economía mundial logró un crecimiento del 4,8%, el mayor en 15 años. En 2005 el barril se ha encarecido un 45% y se vaticina un crecimiento del 4%. Por otro lado, la escalada del precio del petróleo coincide con un fuerte incremento de su consumo. En 1999 el precio del petróleo se triplicó y, sin embargo, el incremento del consumo fue el mayor en 10 años. En 2004 la demanda de petróleo creció un 3,5% (MacKillop, 2005b; Hisrch, 2005 y otros: 16). Indudablemente hay un umbral a partir del cual la demanda se verá afectada y la experiencia indica que está por encima de los 70$. La experiencia histórica nos muestra que se producirá un crecimiento explosivo del precio del petróleo cuando se alcance el techo. Una idea de la magnitud de la subida nos la da la evolución de su precio en las dos crisis anteriores. El 19 de octubre de 1973 subió de 3 a 5 dólares el barril y para Navidad había alcanzado los 11,65 dólares (42 dólares de 2004). A finales de la década de los 70 la revolución jomeinista provocó un fenómeno semejante. En 1980 subió a 35,69 dólares (82 dólares de 2004). En ambos casos el desajuste entre oferta y demanda fue del 5-7% y sólo duró unos pocos meses (Hamilton-Berger, 2003: 54; McKillop, 2004). La diferencia del próximo techo del petróleo es que el desajuste será permanente y creciente. Por ello algunos analistas prevén precios superiores a 200 dólares, en un contesto de gran volatilidad, como muestra el gráfico. Esta dinámica traerá consigo una situación caótica, caracterizada por una gran crisis económica, inestabilidad política y muy posiblemente conflictos armados generalizados por el control del petróleo remanente. La magnitud de la crisis y del consecuente periodo de transición (que en cualquier caso será largo) depende de qué elemento del binomio cooperación/confrontación predomine. Gráfico 12 Alta volatilidad de los precios después del techo 0 10 20 30 40 50 60 70 1996 1998 2000 2002 2004 2006 2008 2010 Brent Crude US $ But prices crash with recessions Shocks as production capacity limits breached C. Campbell (2005: 34) La profunda y prolongada depresión provocará la transformación del sistema económico: subsistemas financiero, de comercio, monetario, energético, agrícola, de transporte, etc. La revolución industrial produjo también otra revolución: la financiera. Se pasó de un sistema en el que los bancos centrales creaban el dinero a otro en el que la banca privada lo genera a partir del endeudamiento privado. Prestan más dinero del que tienen disponible y esto no genera ningún problema, si la economía está en constante crecimiento. El consiguiente aumento de rentas permite a los deudores hacer frente a sus obligaciones financieras. Es un sistema basado en la confianza en el crecimiento perpetuo. Pero si esta premisa no se cumple, el sistema colapsa y esto es lo que ocurrirá, ya que el techo del petróleo destruirá las expectativas de crecimiento. Resulta indudable que el actual flujo internacional de personas y mercancías, lejos de seguir incrementándose de forma muy rápida, se reducirá drásticamente, proceso que obligará a desarrollar una economía descentralizada. Como media, un incremento del 10% en el precio del petróleo se traduce en un aumento de los costes de transporte del 4%. Desde finales de 2003 a finales de 2005 el barril ha pasado de 30$ a unos 60$, produciendo un aumento en los costes de transporte del 40%. Un barril a 100$ tendría un efecto de triplicar el arancel medio mundial (4,5% del valor de las mercancías), lo que supone la eliminación de los recortes arancelarios producidos en los últimos 45 años. Un estudio del Banco Mundial, que examina la relación entre comercio y costes de transportes de 103 países, llega a la conclusión de que la duplicación de los costes reduce el comercio un 50%. En los periodos 1974-1986 y 1987-2000 el PIB mundial creció al ritmo medio anual del 3,5% y las reducciones de aranceles fueron semejantes. Sin embargo, en el primer periodo la aportación del comercio al PIB permaneció constante y en segundo creció más de un 60%. La explicación es que en el primer periodo el precio medio del petróleo fue aproximadamente el doble que en el segundo. Los altos costes del transporte producirán, por ejemplo, la sustitución de gran parte de las exportaciones de Asia y Europa a EE.UU. por las de Méjico. En el periodo 1973-1980 el precio del petróleo se cuadruplicó y las exportaciones anteriores cayeron un 36%. Indudablemente es muy variable la eficiencia energética de los modos de transporte y su dependencia del petróleo. Pero todos dependen del camión para trasladar las mercancías a, y desde, las terminales de los otros modos. El camión supone el 40% de los costes de transporte de una mercancía típica importada de China por EE.UU. en barco (Rubin y Tal, 2005). Más adelante comentaré, en el apartado dedicado al efecto del techo en EE.UU., que colapsará el sistema monetario internacional (SMI) actual, basado en la hegemonía del dólar.