El fin de la era de los combustibles fósiles. Sus consecuencias

El fin de la era de los combustibles fósiles. Sus consecuencias

La energía ha determinado el desarrollo y la supervivencia o muerte de las civilizaciones. La
civilización industrial se ha construido gracias a los combustibles fósiles y, en especial, al petróleo, por tener una alta densidad energética, ser fácilmente extraíble, manejable y transportable. Las guerras del siglo XX han sido motivadas en gran medida por el control de petróleo y las perdieron aquellos países que no pudieron asegurar un flujo suficiente del mismo, como fue el caso de Alemania en las dos guerras mundiales y de Japón en la segunda. A finales del siglo XX el 85% de toda la energía comercial mundial provenía de los combustibles fósiles, distribuida de la siguiente forma: petróleo 40%, gas natural 23%, carbón 21% y otros combustibles un 1%. El paradigma dominante afirma que los recursos naturales son ilimitados, gracias al desarrollo científico-técnico y a la acción del mercado, que tiende a sustituir el uso de recursos escasos por otros abundantes. Pero esta civilización está entrando en crisis por la inminencia del techo de extracciones de petróleo, al que seguirá a medio plazo el del gas natural. Esta crisis no tiene precedentes, por lo que es difícil prever cómo se desarrollará y su duración. Lo que sí se puede prever es que la civilización que emergerá se basará en otro paradigma menos arrogante y más proclive a buscar en el comportamiento de la naturaleza las soluciones a la actual insostenibilidad del sistema y, en el campo de la energía, a imitar las extraordinariamente eficientes técnicas naturales de captación de la energía solar. En este informe se analiza las causas y consecuencias de los techos del petróleo y del gas natural y se apunta la dirección de la obligada transformación energética.