El caso especial de EE.UU
Uno de los pilares de la hegemonía de EE.UU. es que el dólar es la divisa principal del comercio internacional. Esto le permite soportar unos enormes desequilibrios presupuestario y de la balanza de pagos, que a otros países éstos les resultarían insoportables por la gran inflación y depreciación de sus monedas que generarían. El dólar permanece como divisa internacional hegemónica gracias a que en ésta moneda se venden el petróleo y el gas natural. Este hecho tiene su origen en el pacto realizado a principios de la década de los 70 entre EE.UU. y Arabia Saudita, por el cual el primero se comprometía a defender la estabilidad del régimen del segundo a cambio de vender sus combustibles fósiles en dólares. Pero la posición del dólar tiende a debilitarse, por cuatro factores: la política económica de la administración Bush; la tendencia de muchos Bancos Centrales a disminuir la proporción de dólares de sus reservas; la dinámica de los países petroleros del Golfo Pérsico a disminuir sus inversiones en bonos del Tesoro; y, sobre todo, el interés creciente de los países petroleros por vender sus combustibles en euros y de la UE por fortalecer este comercio. EE.UU. importa mucho más de lo que exporta y se estima que el déficit exterior pase de 600.000 millones de dólares en 2004 a 700.000 en 2005. Se espera que el déficit presupuestario alcance en 2005 los 500.000 millones de dólares, en torno al 6% del PIB. La deuda externa acumulada supone ya el 40% del PIB. Este déficit le obliga a pedir prestado alrededor del 80% del ahorro de todo el mundo para mantenerse solvente, porque el ahorro doméstico sólo es el 2% de la renta disponible y está bajando. Con la mitad de esta deuda colapsaron las economías sueca y británica a finales de la década de los 80. Pero la posición hegemónica de EE.UU. y, en especial, el hecho de ser el dólar la divisa clave del SMI, le ha permitido crear un ciclo virtuoso que evita el colapso de su economía. En esencia es el siguiente. El sobre-gasto estatal se traduce en un aumento del consumo y éste en un aumento de las importaciones. Estas son, sobre todo, mercancías asiáticas (principalmente de China) y petróleo y gas natural. Tradicionalmente una buena parte de estos dólares, una vez deducido el gasto interior y el aumento de las reservas de los Bancos Centrales, se han invertido en la bolsa de EE.UU., en bonos del Tesoro y en renta variable, manteniendo así el tipo de interés bajo y sufragando el déficit presupuestario. Sin embargo, el mecanismo citado tiende a debilitarse (Jones, 2005: 105 y ss.). Los ingresos de los países del Golfo por las ventas de hidrocarburos están creciendo dramáticamente. El FMI prevé que en 2005 los países del Golfo y del Mar Caspio ganen unos 400.000 millones de dólares (cuatro veces más que en 2002). Los beneficios de China y otros países asiáticos emergentes serán de unos 190.000 millones. Sin embargo, las tendencias de inversión de los países petroleros del Golfo Pérsico están cambiando. Van en la dirección de invertir predominantemente en la industrialización de sus países y en las boyantes bolsas de la zona. Como estas inversiones en activos financieros están nominadas en dólares, no debilitan directamente la posición de esta moneda, aunque la disminución de la inversión en títulos de la deuda pública de EE.UU. limita su capacidad de sufragar su déficit presupuestario, la cual presiona hacia la desvalorización del dólar. Invierten en activos financieros nominados en dólares porque están obligados a no debilitar el dólar por dos razones: siguen vendiendo sus combustibles fósiles en dólares; y mantienen sus monedas nacionales en una paridad fija con el dólar. Pero esta política les está dañando su economía, les obliga a seguir la política estadounidense de bajos tipos de interés en países con una alta liquidez monetaria, lo cual dispara la inflación. Por todo ello esta situación no se podrá mantener por mucho tiempo (McGreal, 2005). Se constata una deriva hacia el cambio del dólar por el euro en el mercado de los combustibles fósiles. Irak empezó a vender su petróleo en euros en 2001 y algunos analistas consideran que la invasión estadounidense fue provocada por ésta política. Existe un claro interés de la UE para fortalecer el papel de euro en el comercio internacional. Una resolución del Parlamento Europeo (2001) declara que “se manifiesta a favor de que la UE, a través del diálogo con los países perteneciente o no pertenecientes a la OPEP, prepare el camino hacia el pago en euros”. La UE y Rusia han llegado a un acuerdo en 2004 para discutir el mecanismo de pagos en euros por los combustibles fósiles. Alemania ha llegado a un acuerdo con Rusia para pagar el gas en euros. En la OPEP varios países (Irán, Venezuela, Indonesia, Malasia, etc.) están presionando para que adopte el euro como medio de cobro. El cambio de divisa en el caso del gas natural es más fácil que en el del petróleo, porque Rusia e Irán tienen el 50% de las reservas mundiales de gas. Irán ha decidido crear un mercado internacional de combustibles fósiles en euros en marzo de 2006. Viene vendiendo petróleo y gas natural en euros a los países de la UE y de Asia desde 2003. Aunque no es probable que rápidamente se convierta en un competidor de los mercados de Londres y Nueva York (ambos controlados por compañías estadounidenses), hemos visto que hay fuerzas poderosas que presionan hacia su consolidación (Clark, 2005: 136 y ss.). Los factores anteriores están dando lugar a que los Bancos Centrales disminuyan la proporción de dólares de sus reservas de divisas. China lo está haciendo. Pero, de momento, carece de capacidad de maniobra para profundizar en esta política, porque no le interesa la devaluación del dólar, ya que supondría la revalorización relativa del yuan, lo cual reduciría sus exportaciones a EE.UU. Rusia, como todos los países exportadores de petróleo y gas, quiere venderlos en una divisa estable. Además, le interesa debilitar a EE.UU., por su política tendente a arrebatarle el control de las ex repúblicas soviéticas, y una parte muy importante de sus transacciones comerciales las realiza con la UE. Por todo ello, el Banco Central ruso ha pasado en los últimos años de tener el 90% del stock de divisas en dólares a un 65% y manifiesta el interés por tener más euros. Los Bancos Centrales de los países de la OPEP han disminuido sus reservas en dólares de un 75% a un 61,5 entre 2001 y 2004 (Moore, 2005; Clark, 2005: 139; Petrov, 2006). Por otro lado, la facilidad con que EE.UU. atiende a la deuda externa está dando lugar a la desaparición o debilitamiento de sectores industriales enteros y, a su vez, al fortalecimiento de la economía financiera, impulsada por la canalización hacia este sector de la extraordinaria liquidez, provocada por la citada política económica. Este sector aporta la mitad de los beneficios de la economía. Así que es una economía que cada vez tiene menos base real y, por tanto, el colapso del sistema financiero que provocará el techo del petróleo (reforzado por el estallido de la burbuja inmobiliaria existente) le afectará de forma especial. Además, los elevados precios del petróleo y del gas natural en EE.UU. están acelerando el ritmo de desindustrialización del país. El encarecimiento de la electricidad (como consecuencia de la escalada en los precios del gas natural) está obligando a cerrar numerosas plantas de aluminio. Las grandes multinacionales energéticas están trasladando sus inversiones en plantas petroquímicas a los países del Golfo Pérsico, debido a el petróleo y el gas natural son mucho más baratos en éstos países. Las grandes compañías aéreas están al borde de la quiebra. NorthWest y Delta ya están en quiebra. Las compañías de automoción también están en situación muy precaria, ya que están cayendo las ventas de vehículos todo terreno, su principal fuente de beneficios, mientras suben las ventas de coches híbridos japoneses y de diesel europeos (Jones, 2005: 105 y ss.). En resumen, desde 1945 EE.UU. ha pasado de ser: el mayor acreedor a convertirse en el mayor deudor; el mayor exportador de petróleo a ser el mayor importador (el capítulo energético supone un tercio del déficit y es el que rápidamente crece); el mayor poder industrial a ser un país relativamente desindustrializado. Reina en el sistema financiero gracias al sistema económico internacional que impuso después de la SGM, pero éste colapsará a consecuencia del techo del petróleo. Se empiezan a manifestar cambios de comportamiento que amenazan la hegemonía del dólar y, por tanto, el mantenimiento de los privilegios que le reporta a su economía. Por último, la escalada en el precio del petróleo es una carga de profundidad para la economía más dependiente del petróleo del mundo.










