Dinámica de los precios
La capacidad ociosa ha venido bajando en los últimos años desde 4-6 Mb/d a 1,5-2 Mb/d en 2005 y la mayor parte de este es petróleo de mala calidad, que muy pocas refinerías pueden tratar. Esta dinámica es la causa de la escalada del precio del petróleo (se multiplicó por cuatro entre principios de 1999 y 2005, y en este año se ha incrementado un 45%), porque los operadores saben que cada vez es más probable que fenómenos coyunturales impidan la satisfacción de la demanda, produciéndose fuertes repuntes de los precios. Los fenómenos son picos de consumo estacionales (en el invierno y verano del norte) y reducciones coyunturales de la capacidad de extracción, unas veces por motivos políticos (guerras, sabotajes, huelgas, etc.) y otras por efecto de fenómenos climáticos (como huracanes en zonas petroleras). Estos fenómenos cada vez son más frecuentes y agudos. Se han producido fuertes repuntes de los precios en octubre de 2004 (más de56 $/b) y en abril de 2005 (más de 58 $/b). Y en agosto de 2005 el barril superó los 70$ en el mercado de Nueva York, mientras que en el mercado europeo rozó los 69$. La razón del repunte fue el huracán Katrina, pero antes ya había alcanzado los 65$. A principios de 2006 se está acercando a la cota de agosto (www.bloomberg.com). Los analistas (entre los que se encuentran los de las siguientes entidades financieras: Forbes, Goldman Sachs, Merrill Lynch y Canadian Imperial Bank of Commerce) prevén que continuará la escalada por la creciente incapacidad de la oferta de satisfacer a la demanda. La gran mayoría de los analistas prevén un precio medio de unos 60$ en 2006, pero otros van más lejos. Forbes predijo en primavera que el petróleo alcanzaría los 65$ en el verano y 74$ a principios de 2006. Los informes de Goldman Sachs han ido prediciendo subidas cada vez más fuertes del precio del petróleo. En abril de 2005 estimaba una escalada hacia los 105 d/b, frente a 80 en el anterior (Serwer, 2005). Jeff Rubin y Peter Buchanan (2006), analistas del banco citado, pronostican que el barril alcanzará un precio medio por encima de los 70$ en 2006 y 100$ a finales de 2007. El mercado de futuros ha adoptado esta visión alcista, a pesar de que había venido apostando en ésta década por la disminución de los precios futuros. Por ejemplo, en 2000 cuando el precio del petróleo era de 37$ y de unos 20$ en el contratado para entregarlo en 5 años. Sin embargo, a principios de 2006 el petróleo se está cotizando en éste mercado a unos 65$ (www.bloomberg.com). Los economistas ortodoxos no han previsto esta realidad. Han venido estimando que en las dos próximas décadas los precios se mantendrían en la banda de 20-30 $/barril, con una ligera tendencia a subir. Incluso cuando en el otoño de 2004 se produjo un fuerte aumento del precio, la AIE anunció que en un año volverían a la citada banda. Lejos de reconocer su equivocación, a lo largo del tiempo vienen explicando que el petróleo caro es el resultado de imprevistos fenómenos coyunturales, que hacen imposible una rápida compensación de la capacidad de oferta perdida. Así que, una vez que desaparezcan, los precios regresarán a la citada banda. En 2003 el argumento esgrimido fue la guerra de Irak, pero al final del año se vio que no era un fenómeno coyuntural, por lo que perdió credibilidad. Después han sido citados: huracanes que dañan plataformas petrolíferas en el Golfo de Méjico, la inestabilidad de Venezuela y Nigeria, el peligro de quiebra de la petrolera rusa Yukos, la muerte del rey Fahd de Arabia Saudita, etc. Pero los fenómenos coyunturales explican los repuntes de los precios, pero no la tendencia de fondo: la incapacidad de la oferta para satisfacer la demanda creciente. En 2005 la causa más citada del petróleo caro ha sido la escasez de refinerías, especialmente en EE.UU. Arabia Saudita y otros países de la OPEP han aceptado con júbilo el argumento, porque les exime de la responsabilidad de bombear más petróleo. Dicen que podrían hacerlo, pero no serviría de nada, porque no se podría refinar. El argumento rompe las reglas de la compra-venta. El vendedor le niega la mercancía demandada al consumidor alegando que no tiene capacidad para manejarla. Por otro lado, si ésta fuera la razón, los precios disminuirían en lugar de crecer, porque se llenarían los depósitos con un petróleo que no se podría procesar. Lo que sí se encarecería serían las gasolinas. Esto ha ocurrido en el otoño de 2005. Es cierto que la capacidad de refino mundial es relativamente escasa (aunque la situación de cada país es muy variable), pero (aparte de que en el pasado los precios bajos desalentaron la construcción de refinerías) ahora esto es una manifestación más de que nos encontramos ante el fin de la era del petróleo, al menos, por dos razones. La escasez de inversión en refinerías está provocada por la estimación de las compañías de que no podrán amortizar estas enormes inversiones a causa de la inminencia del techo de petróleo. Exxon ya ha dicho públicamente que no construirá refinerías a pesar de las cuantiosas subvenciones que contempla la nueva ley de energía de EE.UU. Además, la carga de trabajo de las refinerías crece debido a que tienen que refinar petróleo de calidad decreciente (más pesado y con mayor cantidad de azufre), debido a que, una vez extraído el petróleo ligero de los yacimientos antiguos, el que queda es de peor calidad. Además, el petróleo del mar Caspio tiene alto contenido de azufre. La escalada de precios del petróleo muestra que la OPEP ya no puede determinarlos. Hasta hace pocos años venía compensando el déficit de petróleo del resto de países exportadores, aportando el necesario para satisfacer la demanda, lo que le permitía determinar los precios. Pero ahora son fijados por el mercado, porque está cerca del límite de capacidad y no puede continuar con su papel compensador: “los analistas coinciden que los precios del crudo han escapado por completo al control de la OPEP” (Rudich, 2005).










